Cómo elegir la potencia de recarga en casa

El día que llega el coche eléctrico, la pregunta ya no es solo dónde colocar el cargador. Saber cómo elegir la potencia de recarga determina cuánto tardará en cargarse el vehículo, si la instalación funcionará sin disparar el contador y cuánto pagarás por tenerla preparada. Elegir más potencia de la necesaria no siempre acelera la recarga. Elegir menos puede convertir una comodidad diaria en una limitación.

En una vivienda, la decisión debe partir de tus hábitos reales, de la capacidad del coche y de la instalación eléctrica existente. Un estudio técnico previo evita presupuestos basados en suposiciones y permite instalar un punto de recarga seguro, legalizado y adaptado al uso que vas a darle.

Qué significa la potencia de recarga

La potencia de recarga se expresa en kilovatios, kW, y señala la energía que el vehículo puede recibir cada hora. Como referencia sencilla, un cargador de 3,7 kW aporta aproximadamente 3,7 kWh de energía por cada hora de carga. Uno de 7,4 kW aporta el doble, siempre que el coche y la instalación puedan admitirlo.

No hay que confundirla con la potencia contratada de la vivienda, que marca el máximo consumo simultáneo disponible en casa. Tampoco con la capacidad de la batería, expresada en kWh. Una batería de 60 kWh no exige un cargador de 60 kW: esa cifra indica cuánta energía almacena, no la velocidad a la que debe cargar en el garaje.

La ecuación parece simple: más kW, menos horas. Pero intervienen varios límites. El propio vehículo tiene un cargador embarcado con una potencia máxima en corriente alterna. Además, el punto de recarga, la línea eléctrica, las protecciones y la potencia disponible en el suministro deben estar correctamente dimensionados.

Cómo elegir la potencia de recarga según tu rutina

Para la mayoría de los particulares, la clave no es cargar de cero a cien cada noche. Lo habitual es reponer los kilómetros consumidos durante el día mientras el coche permanece aparcado varias horas. Si recorres 40 o 60 kilómetros diarios y estacionas de noche en casa, una potencia moderada suele ser suficiente.

Un cargador de 3,7 kW es una opción válida cuando se dispone de muchas horas de estacionamiento, el consumo diario es contenido o la instalación tiene un margen limitado. En unas ocho horas puede aportar cerca de 30 kWh, una cantidad que permite recuperar una autonomía diaria considerable en muchos modelos.

La recarga a 7,4 kW es una de las soluciones más habituales en viviendas unifamiliares. Reduce aproximadamente a la mitad los tiempos frente a 3,7 kW y ofrece más flexibilidad si haces trayectos largos, tienes horarios cambiantes o quieres recuperar energía con rapidez entre dos usos del vehículo. Requiere una instalación monofásica bien calculada y, en muchos casos, una potencia contratada que soporte ese consumo junto al resto de la vivienda.

Las potencias de 11 kW o superiores tienen sentido, sobre todo, en suministros trifásicos, empresas, flotas o viviendas donde hay varios vehículos eléctricos. No obstante, no todos los coches aceptan 11 kW en corriente alterna. Instalar un equipo con esa capacidad puede ser una buena previsión para el futuro, pero no mejorará el tiempo de carga de un vehículo limitado a 7,4 kW.

Calcula la energía que necesitas reponer

Una forma útil de aproximarse a la potencia adecuada es partir de los kilómetros diarios. Si tu coche consume 17 kWh cada 100 kilómetros y recorres 50 kilómetros al día, necesitarás recuperar alrededor de 8,5 kWh. Incluso considerando pérdidas de carga, un punto de 3,7 kW puede hacerlo cómodamente durante la noche.

El escenario cambia si recorres 150 kilómetros al día, llegas tarde o necesitas volver a salir en pocas horas. Ahí los 7,4 kW ofrecen un margen que puede resultar decisivo. La mejor potencia no es la más alta sobre el papel, sino la que repone tu consumo dentro del tiempo real que el coche está estacionado.

El coche marca un límite que conviene revisar

Antes de decidir, hay que consultar la ficha técnica del vehículo o confirmar el dato con el fabricante. Busca la potencia máxima de carga en corriente alterna, también identificada como carga AC. Es la modalidad que se utiliza habitualmente en los cargadores domésticos y de empresa.

Un coche que admite hasta 7,4 kW no cargará a 11 kW aunque el punto de recarga y la red estén preparados. Del mismo modo, algunos híbridos enchufables tienen una potencia de carga más baja, a menudo entre 3,7 y 7,4 kW. En estos casos, sobredimensionar el cargador no reduce el tiempo de carga del vehículo actual.

Esto no significa que haya que pensar solo en el coche que tienes hoy. Si prevés sustituirlo por un modelo distinto, añadir un segundo vehículo eléctrico o ampliar una flota, conviene analizar desde el principio qué parte de la instalación puede dejarse preparada. A veces resulta razonable instalar una canalización o un cuadro con capacidad de crecimiento, aunque el cargador inicial trabaje a una potencia inferior.

Potencia contratada: el factor que más dudas genera

Un cargador de 7,4 kW funcionando a plena potencia puede absorber una parte muy relevante de la capacidad disponible en una vivienda. Si coinciden el horno, la vitrocerámica, la climatización, el termo eléctrico y la recarga, el consumo puede superar la potencia contratada. La solución no siempre pasa por aumentarla.

La gestión dinámica de carga permite que el cargador ajuste automáticamente la potencia según el consumo instantáneo del hogar. Cuando la vivienda demanda más energía, el punto reduce su intensidad. Cuando baja el consumo doméstico, vuelve a aprovechar la capacidad libre. Así se puede cargar sin comprometer el funcionamiento normal de la casa ni pagar por una ampliación innecesaria de potencia contratada.

En una vivienda con suministro monofásico, esta función suele aportar mucha tranquilidad. En una instalación trifásica, también ayuda a distribuir correctamente la carga y a aprovechar mejor el suministro disponible. La elección debe hacerse tras revisar el cuadro eléctrico, la sección de los conductores, las distancias y los consumos habituales.

En garajes comunitarios, el recorrido eléctrico también cuenta

En un garaje compartido, la potencia elegida es solo una parte del proyecto. Hay que estudiar desde dónde se alimentará el cargador, la longitud del recorrido hasta la plaza, el trazado de la canalización y las protecciones necesarias. Una línea larga puede requerir una sección de cable superior para evitar caídas de tensión y asegurar un funcionamiento correcto.

La normativa ITC-BT-52 regula este tipo de infraestructuras y establece criterios para que la instalación sea segura y legalizable. Un propietario puede instalar un punto de recarga vinculado a su plaza comunicándolo previamente a la comunidad, pero eso no elimina la necesidad de ejecutar correctamente el trabajo técnico y la documentación correspondiente.

Cuando varios vecinos prevén electrificar sus vehículos, merece la pena pensar en una infraestructura común escalable. Preparar canalizaciones o prever una centralización puede reducir obras posteriores y facilitar que cada usuario instale su cargador cuando lo necesite. No obliga a todos a cargar desde el primer día, pero evita soluciones improvisadas a medida que crece la demanda.

Cuándo tiene sentido subir la potencia

Subir de 3,7 a 7,4 kW suele compensar si necesitas recuperar más energía en menos tiempo, realizas desplazamientos frecuentes o tienes una batería grande. También puede ser recomendable si el vehículo pasa pocas horas aparcado en casa. En cambio, si el coche permanece conectado toda la noche y el uso diario es moderado, la diferencia práctica puede ser pequeña.

Pasar a 11 kW requiere un análisis aún más concreto. Hace falta que el vehículo admita esa potencia, que exista suministro trifásico o pueda habilitarse, y que el uso justifique la inversión. Es una decisión habitual para negocios con vehículos de trabajo, hoteles, aparcamientos privados o empresas que necesitan rotación durante la jornada.

No hay una potencia universalmente correcta. Una solución de 3,7 kW bien integrada y con control dinámico puede ser excelente para un conductor. Para otro, una instalación de 7,4 kW será la diferencia entre tener el coche listo cada mañana o depender de cargadores públicos.

La instalación debe estar preparada, no solo el cargador

El punto de recarga es el elemento visible, pero la seguridad depende del conjunto: línea dedicada, protecciones adecuadas, puesta a tierra, cuadro eléctrico, configuración del equipo y legalización. Elegir un cargador por su potencia o por su precio sin revisar estos elementos puede generar problemas de funcionamiento y costes posteriores.

También conviene valorar funciones prácticas como la programación horaria, el control desde aplicación y el balanceo de carga. Programar la recarga en las horas más convenientes puede ayudarte a aprovechar tu tarifa eléctrica. El balanceo, por su parte, protege el suministro doméstico sin obligarte a estar pendiente de qué aparatos están conectados.

Un instalador especializado puede medir, calcular y proponer una solución realista antes de iniciar la obra. En SOLDEON estudiamos el vehículo, el uso previsto y la instalación existente para recomendar la potencia que encaja con cada caso, ejecutar el trabajo y dejarlo legalizado.

La elección acertada no se mide por el número más alto de la ficha del cargador. Se mide por llegar a casa, conectar el vehículo y saber que estará listo cuando lo necesites, sin sobrecostes, sin sorpresas y con una instalación preparada para acompañarte durante años.