Qué potencia necesita un cargador de coche eléctrico

Llegar a casa, enchufar el coche y tenerlo listo cada mañana no exige instalar el cargador más potente del mercado. La duda real es qué potencia necesita un cargador para cubrir tus desplazamientos sin sobrecargar la instalación ni pagar de más por una ampliación que quizá no necesitas. La respuesta depende de cuatro factores: los kilómetros diarios, las horas disponibles para recargar, la potencia que admite el vehículo y la capacidad eléctrica del edificio.

En una vivienda habitual, una instalación de 7,4 kW suele ser una solución muy equilibrada. Pero no es una regla universal. Un híbrido enchufable, una segunda residencia, un garaje comunitario o una flota de empresa requieren analizar el caso concreto antes de decidir.

Qué significa la potencia de un cargador

La potencia se expresa en kilovatios, kW, y determina cuánta energía puede transferirse al coche en cada hora de carga. Simplificando, un punto de recarga de 3,7 kW puede aportar hasta 3,7 kWh por hora, mientras que uno de 7,4 kW puede aportar el doble.

Esto no significa que el vehículo siempre cargue a esa velocidad. El cargador doméstico, también llamado punto de recarga o wallbox, comunica al coche cuál es la potencia disponible. Después, el propio vehículo toma únicamente la potencia que admite su cargador interno y que permite la instalación en ese momento.

Por eso conviene distinguir tres límites: la potencia configurada en el wallbox, la potencia que soporta la línea eléctrica y la potencia máxima de carga en corriente alterna que acepta el coche. Instalar un equipo de 11 kW no hará que un vehículo limitado a 7,4 kW cargue más rápido.

Qué potencia necesita un cargador según el uso diario

La forma más útil de calcularlo es partir de la energía que necesitas recuperar durante la noche. Un coche eléctrico suele consumir entre 15 y 20 kWh cada 100 kilómetros, según el modelo, el clima, la conducción y el recorrido. Si recorres 50 kilómetros al día, normalmente tendrás que reponer entre 8 y 10 kWh.

Con un cargador de 3,7 kW, esa energía se recupera aproximadamente en tres horas. Con uno de 7,4 kW, en alrededor de hora y media. Si el coche permanece aparcado ocho o diez horas, ambas opciones pueden servir perfectamente.

La potencia más alta tiene sentido cuando se acumulan muchos kilómetros, hay poco tiempo de estacionamiento o se cargan varios vehículos. También puede ser conveniente en empresas y flotas, donde el tiempo disponible entre turnos es más limitado. En cambio, para un uso doméstico normal, sobredimensionar la instalación puede elevar el presupuesto sin aportar una ventaja práctica diaria.

Como referencia, estas son las configuraciones más habituales en recarga vinculada:

  • 2,3 kW: carga lenta mediante enchufe reforzado, adecuada solo para necesidades contenidas y con una instalación revisada.
  • 3,7 kW: una opción eficaz para híbridos enchufables y vehículos eléctricos con muchas horas de aparcamiento.
  • 7,4 kW: la potencia doméstica más frecuente para viviendas unifamiliares y plazas privadas.
  • 11 kW o 22 kW: soluciones trifásicas más habituales en empresas, aparcamientos o viviendas con instalación compatible.

La potencia del cargador no es la potencia contratada

Este es uno de los puntos que más dudas genera. Tener un punto de recarga de 7,4 kW no obliga necesariamente a contratar 7,4 kW adicionales. Lo que importa es cómo se reparte la potencia total de la vivienda cuando coinciden el coche, el horno, la climatización, la vitrocerámica u otros consumos.

Por ejemplo, una vivienda con 5,75 kW contratados puede disponer de un wallbox de 7,4 kW si el equipo incorpora control dinámico de potencia. Este sistema mide el consumo general de la vivienda y ajusta automáticamente la carga del coche para no superar el límite contratado. Si la casa consume poco durante la noche, el vehículo recibe más potencia. Si se encienden varios aparatos, la reduce temporalmente.

Así se evita que salte el contador y, en muchos casos, se evita aumentar la potencia contratada. No obstante, hay viviendas donde una ampliación sí es razonable: cuando el consumo habitual es alto, se necesita cargar rápido de forma recurrente o no es viable instalar una gestión dinámica correcta.

Monofásica o trifásica: una decisión técnica clave

La mayoría de viviendas en España cuentan con suministro monofásico. En ese escenario, las potencias de 3,7 kW y 7,4 kW son las más habituales. Un cargador de 7,4 kW funciona a 32 amperios en monofásica y requiere que la línea, las protecciones y el cuadro estén calculados para ello.

Las instalaciones trifásicas permiten repartir la carga entre tres fases y habilitan potencias como 11 kW o 22 kW. Sin embargo, no basta con comprar un cargador trifásico. Hay que comprobar que el suministro del inmueble lo sea, que la derivación eléctrica tenga sección suficiente y que el vehículo admita esa potencia en corriente alterna.

Un detalle relevante: muchos coches eléctricos vendidos en España cargan a 11 kW en trifásica, pero no todos aceptan 22 kW. Además, en un garaje privado no siempre es necesario llegar a esas cifras. La instalación adecuada es la que responde a tu rutina, no la que ofrece el número más alto en la ficha técnica.

Cuánto tarda en cargar un coche eléctrico

Para estimar el tiempo, divide la capacidad útil de la batería entre la potencia de carga. Una batería de 50 kWh, cargada por completo desde cero con un punto de 7,4 kW, necesitaría unas siete horas teóricas. En la práctica hay pequeñas pérdidas y la potencia puede variar, así que conviene considerar algo más de tiempo.

Pero la carga diaria rara vez empieza desde cero. Si solo necesitas recuperar 15 kWh tras los trayectos del día, un cargador de 3,7 kW lo hará en unas cuatro horas y uno de 7,4 kW, en poco más de dos. Esta diferencia ayuda a entender por qué la carga nocturna doméstica suele ser suficiente incluso con potencias moderadas.

En los híbridos enchufables el caso es aún más claro. Sus baterías son más pequeñas y, con frecuencia, el propio vehículo limita la carga a 3,7 kW o menos. Instalar 7,4 kW puede seguir siendo útil por compatibilidad futura o por gestión de la instalación, pero no reducirá necesariamente el tiempo de carga del híbrido actual.

Qué revisar antes de elegir potencia en casa o en un garaje comunitario

La elección no debe basarse solo en el modelo de coche. Antes de definir el punto de recarga conviene revisar el cuadro eléctrico, la potencia contratada, la distancia entre el contador y la plaza, el tipo de suministro y el estado de la canalización. Una plaza alejada del contador puede requerir una línea más larga y una sección de cable superior para minimizar caídas de tensión.

En un garaje comunitario también hay que estudiar el recorrido de la instalación y ejecutar el proyecto conforme a la ITC-BT-52. El propietario tiene derecho a instalar un punto de recarga para uso privado, pero debe comunicar previamente la actuación a la comunidad en los términos legalmente previstos. Una instalación profesional deja resuelta la parte técnica, las protecciones, la documentación y la legalización cuando corresponde.

Si el objetivo es cargar dos coches, el planteamiento cambia. Puede ser preferible instalar dos puntos con reparto inteligente de potencia en lugar de duplicar la potencia contratada. El sistema asigna la energía disponible entre ambos vehículos y prioriza una carga segura sin superar el límite del suministro.

La respuesta práctica para la mayoría de conductores

Para un coche eléctrico de uso particular que duerme en casa, 7,4 kW es normalmente una potencia cómoda y preparada para el futuro, siempre que la instalación lo permita. Para un híbrido enchufable o un coche que permanece muchas horas aparcado, 3,7 kW puede ser más que suficiente. En empresas, flotas y aparcamientos con alta rotación, 11 kW o más puede estar justificado tras un estudio de consumos y simultaneidad.

La clave no es elegir entre carga lenta o rápida como si fueran categorías aisladas. Se trata de diseñar una recarga vinculada que encaje con tus horarios, tu vehículo y la electricidad disponible. En SOLDEON estudiamos cada caso para proponer la potencia, el equipo y las protecciones necesarios, sin complicar una instalación que debe ser segura, legalizada y fácil de usar.

Antes de comprar un cargador por su potencia máxima, piensa en cuánta energía necesitas recuperar mientras el coche está parado. Esa cifra, y no la promesa de cargar más rápido, es la que debe guiar una instalación que te funcione durante años.